Insultos al Público, visión de un espectador

La visión que nos comparte un espectador sobre la obra:

Insultos

INSULTOS AL PÚBLICO 
Por Juan David Galindo

‘’ […] Habrán detectado cierto espíritu de subversión. Se habrán dado cuenta de que rechazamos muchas cosas.’’ 
-Peter Handke

Obra de la autoría de Peter Handke y dirigida por Andres Rodriguez, con las actuaciones de Lorena Loumudroux, Marcela Mora, Pablo Gimenez y Juliana Herrera, con la actuación especial de Gustavo Angarita. Es una obra que pone al descubierto al público, más que eso, hace que el público sea el protagonista de la obra. Es una crítica a todo el mundo farandulero del teatro, en donde eres alguien por tu público, o el público es alguien por el protagonista de la obra. En palabras más drásticas la obra es como el tipo bufón de la cortes victorianas, que era incomodo pero hacía reír, era anarquista y se burlaba del rey pero debía mantener su postura y estar preso al traje y a las ordenes porque también hacia parte del público.

De entrada el titulo te prepara, llegas lleno de expectativas a ver la obra. Uno sabe por el título que la obra se va a salir de lo convencional, pero no se imagina cuanto, no se imagina cuanta sinceridad, no se imagina cuanta pedantería del director y de los actores, que a pesar de que se prenden a un monologo y la obra tiene un principio y un fin cada actor no representa a nadie, a él mismo, cada actor deja salir su personalidad y eso es lo más potente de la obra, si es que se le puede llamar obra. Porque precisamente traspasa los límites de lo performativo y se convierte en un trajín de monólogos dirigidos al público inmóvil, atento, más atento de lo normal. No importa lo mucho que usted sepa de teatro, no importa si usted es un actor que va a ver la obra, a usted se le cae lo culto, a usted se le cae lo ignorante respecto al teatro, a usted se le cae hasta la ropa porque esta obra te desnuda.

‘’Putas del teatro’’ es el insulto que más me llamó la atención, porque no hay mayor desprecio del actor hacia ese público erudito que juzga todo con ojos de crítico, pero también critica a ese público ignorante que no sabe lo que se siente ser actor, lo que es vivir del arte, lo artístico de esta obra precisamente es que sobrepasa las barreras de lo artístico y trae a la escena lo que más nos da miedo, el actuar, esta vez es el actor quien desviste al espectador, quien lo juzga, quien lo critica. La obra no es un drama, no es comedia, no es una epopeya, ni siquiera es posmoderna, es un dialogo de expectativas, del público hacia los actores y de los actores al público, que cada vez más se tornan más y más irreverentes con ese público en estado pásmico, es un dialogo entre el respeto y el irrespeto, es un dialogo entre lo que consideramos arte, sujetos del arte y objetos del arte, en esta obra todo se fusiona para hacer de cada uno un alguien y a la vez un nadie, Insultos al público se sale del paradigma convencional, se sale de lo tradicional en momentos raya con lo anárquico cuando el público se torna pesado y los actores sin embargo lo siguen controlando, Llegué a pensar que era humor negro, llegue a pensar que era humor irreverente, llegue a pensar incluso que la obra debía tomar un carácter humorístico. Pero aunque uno se ríe, no se ríe de las situaciones dramatizadas con profundidad, uno se ríe de la situación que vives cuando no esperas que en la obra no pase nada. La obra no te deja una reflexión profunda a cerca de la vida, la tragedia, el amor, la muerte, no te deja enseñanzas sobre la moral, no te deja vislumbrar lo que va a acontecer en ella misma, la obra transcurre rápido y sin embargo es lenta, Es rápida en el sentido de que los giros que no son giros argumentativos se transforman en cada vez más un discurso repetitivo que no aburre, pero es lenta en el sentido de que te da impaciencia el no saber qué va a pasar después. Es tan rara, la obra, que al final los actores abandonan la sala y te esperan afuera para aplaudirte y felicitarte irónicamente por ‘’el papel que interpretaste’’.

No es una obra para doblemoralistas, que creen que el teatro es un espectáculo, el espectáculo es para los burdos, para el vulgo, pero sin embargo la obra es un espectáculo tanto para la gente docta, letrada, racional, leída o instruida y al mismo tiempo para la gente inculta, ignorante tosca y salvaje, en fin para que el colombiano promedio se dé cuenta de que el espectáculo es un problema socio-cultural. No hay que inferir nada de la obra, no hay que sacar conclusiones o comentarios que eleven el ego de los actores, no hay que citar a nadie para saber que la obra por sí misma es autorreferencial y autocritica, es tan critica que la obra misma se critica a sí misma y desbarata cualquier argumento destructor que se tenga contra ella. La obra no traza líneas entre el actor y el espectador, la obra sobrepasa esos límites del humor, que se dice, debe llevar al público a la autorreflexión. Es más la obra es tan potente, que hace que pienses en lo que ellos quieren que pienses, hace que pienses que estás pensando lo que ellos no quieren que pienses, incluso hace que pienses en que no piensas, la obra es una crítica a la religión, a la política, al arte y a la forma en como concebimos la vida humana, pero sobre todo la obra es una crítica al público a toda clase de públicos, al público que no aplaude, al publico farandulero, al público que no es público, de hecho la obra es una crítica la postura del público en la sala. Para concluir es esta obra una muestra del teatro que necesitamos en Colombia, un teatro arriesgado y que le haga apuestas a lo experimental, que rompa esos esquemas tradicionalistas y que incita al público a la mirada al mundo artístico como se la merece.