Sobre la Obra Test a Turing de AndresHito Rodríguez, obra futurista que contempla el sentido ético de la inteligencia artificial.

Por: Juan David Galindo
 

Test a Turing

Mi interés por la inteligencia artificial (IA) y todo lo que se relaciona con ella, empezó a mitad de año cuando el furor de Pokémon Go estaba por todos lados. Y comenzó cuando le pregunté a un chico que atrapaba un pokémon el por qué lo hacía y me dijo que era inexplicable pero muy placentera la sensación de atrapar un pokémon. Luego se pusieron de moda, en las ferias de pueblo y populares donde se mantiene la tradición del tiro al blanco con pistolas de aire y dardos, de la ruleta arreglada para que el jibaro de turno saque partida de los borrachos, unas gafas de realidad virtual que se popularizaron gracias a los videos graciosos que rotan en redes sociales en donde la gente se mueve de una forma cómica. Y nos da risa porque somos conscientes de que la persona no sufrirá ningún daño, pero ella no lo es y lo que está viendo para su cerebro es totalmente real por lo que el cuerpo así reacciona. En las dos situaciones la primera, la de pokémon Go, aunque uno sabe que simplemente es un código ubicado mediante tecnología de satélites y GPS, en un punto de la tierra, código que tu celular traduce como una imagen con ciertas características que la hacen distinta a otras. Pero es ese precisamente el dilema, el saber que la cámara de tu celular capta algo que el ojo humano no, lo que me llevo a los más grandes interrogantes fenomenológicos y epistemológicos. Y el caso de las gafas con realidad virtual me hizo recordar que hace unas décadas se viene diciendo que nuestro primitivo cerebro es muy fácil de engañar y es por eso que tantas corrientes filosóficas y científicas han discutido sobre el futuro de la mente humana durante muchos siglos. Es desde este ángulo desde el que trataré de dar un punto de vista frete a una obra que vi en el teatro de la fundación Gilberto Alzate Abendaño, llamada Test a Turing.

No empezaré con halagos fanfarrones diciendo cual critico lambón, ‘’es una obra magistral’’. Es una obra que aborda un problema al que nos acercamos a pasos agigantados, el sentido ético en la inteligencia artificial, y es un tema del que se habla por lo menos en las academias de humanidades, en libros, en algunas películas y ensayos. El saber si las inteligencias artificiales tendrían un sentido ético propio. Pero antes de abordar el problema, diré de qué va la obra. En un futuro en el que es posible crear inteligencia artificial en masa, en donde el test de Turing, o el Chinesse Room, están a la orden del día y donde es posible crear algoritmos tan complejos que se asemejen a la mente humana, se desarrolla un encuentro amoroso de cita a ciegas. Donde La obra ahora sí, magistralmente, usa los juegos de palabras, la circularidad en el argumento que da la impecable sensación de paradoja, que solo se disipa cuando ves tu reloj avanzando, y así de esa manera, logra hacer que el sentido paradójico se funda muy bien con el tema de la obra.

Cuando nos imaginamos un futuro, nos lo imaginamos devastado, por una tercera guerra mundial, lleno de restos de automóviles por todos lados, neón parpadeante en los pocos recovecos con electricidad, quizá un zombi o alguna bestia mutante a la que hay que matar, Nos lo imaginamos contaminado, nos lo imaginamos con pocos humanos tratando de sobrevivir. Pero en pocas ocasiones nos hemos imaginado un futuro en el que todo transcurra tan normal como hoy día, en donde la gente siga trabajando, donde la gente siga contaminando, en donde los problemas de las personas si tengan que ver con dinero y con sexo, en donde los humanos tengamos que luchar por suplir las necesidades básicas, donde nuevas culturas suburbanas nazcan, donde nuevos conflictos políticos ataquen las preocupaciones de los intelectuales. Ese futuro en que todo es normal como hoy día, es en el que se para la obra de AndresHito. Ahora bien, ya en el espacio y en el contexto ¿qué pasaría si una inteligencia artificial le diera lecciones éticas a los humanos? ¿qué pasaría si tal como Asimov lo plantea, un humano se creyera un robot? Bueno estas dos preguntas son planteadas en la obra. La primera pregunta nos deja pensando en qué es eso que llamamos humanidad. ¿es la humanidad ser conscientes de la muerte? ¿del amor? ¿Es la humanidad ser conscientes de que el otro no quiere morir y sí quiere amar? La segunda pregunta es más compleja, ¿qué pasa con un hombre si su cerebro está preparado para responder lógicamente a todos los problemas que se le plantean? Un hombre que responde matemática y abstractamente a todas las situaciones no tiene previsto encontrarse con eso a lo que no le podemos dar explicación, con la esperanza, con el amor, con la ilusión y con situaciones no planeadas que causan una especie de corto circuito en su cerebro paralizando así su cuerpo y sus nervios.

La obra es sencillamente genial porque logra poner dos situaciones contraproducentes (un hombre con pensamiento lógico-matemático y un robot con capacidad de tomar decisiones éticas) en un mismo escenario y dialogo, y ese tipo de situaciones son las que suscitan critica.  La obra es divertida, o sea el tipo de diversión que te produce es una diversión que se aleja del tipo de diversión que producen las películas de Dago Garcia, pero la diversión que te produce la obra hace que no te quieras ir de la sala, te hace pensar y cuestionarte ¿yo tendría una cita con un robot? ¿yo tendría un Robot domestico que supla mis necesidades sexuales? La obra critica a los avances científicos, a la poca divulgación, a la experimentación antiética con seres vivos, a la politización de la ciencia que en principio y desde el positivismo, debe ser imparcial. Pero es precisamente ese pensamiento matemático heredado de Descartes, lo que ahogó toda la modernidad y el mundo del siglo XIX y XX, el que heredó el sueño de un mundo donde las maquinas suplieran las necesidades humanas.

Tal como en las tendencias retrofuturistas esta obra te transporta, no con la escenografía que se asemeja a una bodega de experimentos científicos, esta escenografía me gusta, es sencilla pero muy diciente y acorde. Empero es precisamente el mismo dialogo el que te transporta, está lleno de jerga cientificista, intelectual pero siempre con el llamativo juego de palabras por el que se caracterizan las Obras de AndresHito. El humor en esta obra es crítico, tal como dice Theodor Lipps, el humor no debe suscitar a la Grandeza del comediante o de la obra, el humor hace grande al comediante o a la obra según el concepto del público. Que se asemeja a lo dicho por Davd Hume en el ‘’ensayo sobre la norma del gusto’’ y parafraseándolo, si un gran número de críticos están de acuerdo en su juicio entonces, la obra tiene valor artístico. Lo que pasa con Test a Turing es que es una obra, que por su lenguaje técnico y por su condición futurista, se pierde o disipan un poco los juegos de palabras, los sarcasmos, las alusiones satíricas, que solo pude ver cuando releí el guion. Y sin embargo creo que todos, aunque no somos críticos, salimos satisfechos con la profundidad ética y dedicación que se le ha impreso a la obra.

El hecho de que la obra esté inspirada en ‘’Amor y sexo con robots’’ de David Levy, me hace pensar en producciones cinematográficas como ‘’Her’’ de el gran Spike Jonze que, además es uno de mis guiones favoritos del cine, en donde un hombre se enamora de un software mujer,  que al final le confiesa tener la capacidad de tener relaciones con muchos otros softwares y humanos, otra película que me recuerda Test a Turing es el hombre bicentenario de Chris Columbus ispirada en el cuento con el mismo nombre se Isaac Asimov, en la cual la hija de la damita resulta teniendo una relación romántica con el viejo robot domestico de la familia. Son ese tipo de circunstancias a las que nos enfrentamos en la obra ya que todos somos propensos a tener o por lo menos experimentar una relación con un robot, en pocas palabras es una manera diferente de pensar en cómo la IA (inteligencia artificial) ve el amor.

Debo confesar que no sabía cómo continuar este texto hasta que leí un artículo en Arcadia titulado ‘’El espejo interactivo, Muerte por videojuego de Simon Parkin’’. En principio y por el título uno pensaría que no tiene nada que ver con el amor con IA, o con robots, pero tiene mucho que ver, ya que según Parkin ‘’el elemento seductor de los videojuegos, es que logra saciar cualquier aspiración humana’’ y es precisamente eso lo llamativo de las relaciones sexuales o amorosas con IA y robots. Ya me imagino un robot, que no juzgue tus traumas, o tu visión perdedora de la vida, o tu timidez frente a las mujeres, o que sea capaz de enseñarte de amor. Este texto se complementa con uno que hace poco también salió en la revista Credencial llamado ‘’Amantes electrizantes’’ que precisamente trata el tema del libro ‘’Amor y sexo con robots’’ de David Levy y que solo traigo a colación por si alguien quiere consultar más sobre el tema. Y si alguien quiere ahondar sobre los límites éticos de la IA recomiendo estos dos ensayos que, además, se encuentran online, el primero de Yvonne A. De La Cruz titulado, Science Fiction Storytelling and Identity: Seeing the Human Through Android Eyes y el segundo es de Robet M. Geracy y se titula robots and the Sacred in Science and Science Fiction: Theological Implications of Artificial Intelligence.

Respecto a la obra me queda por recomendarla mucho, y espero en la ciudad se sigan abriendo espacios para el teatro experimental como los que propone AndresHito y su parche a quienes les debo agradecer mucho de lo que se (que es muy poco en realidad) sobre teatro.